"Un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en
uno, son como polvo, no son nada, no son nada..." (J. Agustín Goytisolo, Palabras para Julia)
"Una
comunidad que puede criar a los niños, también puede abusar de ellos" (Mitchell
Garabedian, abogado defensor víctimas "Spotlight")
“Lo más
grave, en el caso de Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como
él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y
siguen siendo, terrible y terroríficamente normales.” (Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalem: un estudio sobre la
banalidad del mal).
"Hay
dos clases de compasión. Una débil, la sentimental, que no es más que la
impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la embarazosa
conmoción que se padece ante la desgracia ajena, esa compasión no es
propiamente compasión, es tan solo un apartar instintivamente el dolor ajeno,
que es causa de nuestra propia ansiedad. La otra, la verdadera compasión, está
decidida a resistir, a ser paciente, a sufrir y a hacer sufrir, si es
necesario, para ayudar de verdad a las personas" (La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, S. Zweig). Vivir
responsablemente exige, a veces, incomodar a otros.
Unidad de Investigación de Spotlight
Como
si de una aventura de súper héroes se tratara, el equipo de periodistas de Spotlight
se adentra en las alcantarillas de un Boston rancio, corrupto y podrido.
Intentarán despertar de su voluntario letargo a una comunidad adormecida,
acomodaticia, que no hace preguntas y prefiere mirar hacia otro lado cuando a
alguien se le ocurre hablar o denunciar los abusos a niños y niñas por parte de
sacerdotes de la Iglesia Católica. Se trata de héroes anónimos, personas que a
pesar del alto coste personal que supone dedicarse al periodismo de investigación
con mayúsculas, se la juegan de tal modo, en lo profesional y en lo personal,
que más que una profesión parece un deporte de riesgo. Y como sostiene el
abogado defensor de las víctimas, un peculiar armenio, "ha tenido que venir alguien de fuera a destapar todo esto",
refiriéndose al nuevo editor jefe del rotativo Boston Globe, un judío que no
hace concesiones y a él mismo.
Marty Baron-Editor Jefe Boston Globe (Liev Schreiber)
No en vano, ambos provienen de pueblos contra
los que se han cometido lo que se ha dado en denominar crímenes de lesa
humanidad, uno del Holocausto Judío, del Genocidio Armenio el otro. Por eso no
es casual que sean ambos quienes sostienen sobre sus hombros, con su
imperturbabilidad y vehemencia respectivamente, todo el peso de la lucha para
poder denunciar e intentar esclarecer los casos de pederastia dentro de la
Iglesia Católica en la ciudad. Y este tipo de lucha sólo se puede librar en
solitario cuando no se tiene nada que perder, cuando voluntaria y
conscientemente se ha tomado la decisión de ir a por todas, sin importar las
consecuencias, cuando el valor de lo que defiendes eclipsa el precio a pagar.
Mitchell Garabedian-Abogado víctimas (Stanley Tucchi)
Y
Mitchell Garabedian lo tiene claro, ve el horror en las miradas de sus clientes
que, día tras día, llegan con nuevos casos de abusos: "él tuvo suerte, está vivo", dice en un momento dado
acerca de una de las víctimas. Sabe que no se puede vaciar el océano a cucharadas,
pero no hay retorno; en la vida siempre tenemos la posibilidad de optar, de
tomar partido, de no mirar hacia otro lado y uno de los ejemplos más claros es
la actitud del pueblo alemán mientras se exterminaba a más de seis millones de
seres humanos delante de sus narices (nunca mejor dicho), actitud muy similar a
la mostrada por el abogado Eric McLeish, cuando sostiene que él sólo se limitó
a hacer su trabajo e intentar mediar entre las víctimas y la Iglesia para
llegar a un acuerdo extrajudicial, es decir, mercadear con el dolor de unas y
el poder de la otra, a puerta cerrada como se lleva haciendo por los siglos de
los siglos y ya se sabe que la autodenominada apostólica y romana piensa en términos de siglos, como le advierten
al editor jefe del periódico en otro momento de la película, por si no sabe que
más allá hay dragones...
Hay
algo más que la película deja muy claro y es la importancia del manejo de los
tiempos a la hora de publicar o no una noticia. Prácticamente desde el
principio queda clara la línea a seguir: no centrarse en los sacerdotes, sino
en la Iglesia como institución facilitadora y cómplice de los abusos a menores,
seno de perpetuación de una práctica absolutamente arraigada, hasta el punto de
crear centros de "rehabilitación" donde recluir a los sacerdotes
pederastas cuando la cosa se les iba de las manos. Y claro, cuando tienes algo
en firme quieres sangre, tienes miedo que la cosa se enfríe o alguien se te
adelante y es muy difícil mantener la cabeza fría y no saltarte ningún paso, lo
que podría dar al traste con la operación o dejarla en una cuestión meramente
anecdótica. Y es ahí donde Walter "Robby", encarnado por Michael
Keaton, se hace con el control de la noticia, jugándosela quizá para compensar
su negligencia cuando hace años aterrizó en el diario y le llegó la información
sobre los abusos e hizo caso omiso. Nadie está libre de culpa.

Walter "Robby" Robinson-Editor (Michael Keaton) recibiendo un "aviso" de un representante de la comunidad católica
He
querido dejar para el final a las víctimas, esas personas rotas que a duras
penas tratan de recomponer los pedazos de una infancia y adolescencia truncadas
entre las piernas de Dios, porque "quien
se lo pedía era Dios", como afirma una de las víctimas. ¿Cómo negarse
cuando alguien te presta atención, te hace sentir importante y apreciado en un
entorno hostil, lleno de dificultades y carencias, envilecido por la ardua
tarea de sobrevivir? ¿Cómo superar que tus padres no te protegieran de esos
monstruos cuando aún sabiéndolo se limitaron a adoptar una actitud servil y ensimismada?
Cada uno lo lleva como puede, y como sabe, unos con alcohol, otros con heroína;
unos abusando a su vez de otros niños y otros llevando una existencia
aparentemente "normal", casándose, teniendo hijos, guardando bajo
siete llaves todo lo que pasó... pero soportando ese peso día tras día. Otros
no lo soportaron y ya no están. En un momento dado de la película, alguien
opina sobre el presidente de la asociación de víctimas que "está como una cabra", yo añadiría que está, lo que no es
poco después de todo; en ocasiones somos injustos y crueles juzgando el dolor
de los demás, exigiéndoles comportamientos y reacciones intachables pero ¿para
qué y por qué? Para no incomodarnos más de lo políticamente aceptable, porque
es tan terrible lo que les han hecho (no lo que les "ha pasado") que
somos incapaces de llegar siquiera a imaginar cómo se pueden sentir. Sin
pretender reducir o simplificar esta barbaridad a una cuestión de cifras, se
estima que un seis por ciento de los sacerdotes de la Iglesia Católica son
abusadores, y eso son muchos sacerdotes. No se trata de las manzanas podridas
que nos podemos encontrar en cualquier ámbito de la vida, no, se trata de lo de
siempre, de las relaciones de poder y de una institución que ha sobrevivido
durante cientos de años a base de manipulación y corrupción, manipulación sobre
los más desfavorecidos y corrupción junto con el poder imperante en cada
momento. Nada nuevo bajo el sol.

Catedral de la Santa Cruz (Boston)
Otras pelis sobre
periodismo:
"Buenas noches y
buena suerte", de George Clooney (Caza de brujas del senador McCarthy)
"El americano
impasible", de Joseph Mankiewicz (Guerra de Indochina, novela
de Graham Greene)
"Todos los
hombres del Presidente", de Alan J. Pakula (caso Watergate)
"El año que vivimos
peligrosamente", de Peter Weir (Indonesia, insurrección comunista contra
Sukarno)
"Ciudadano
Kane", de Orson Welles (sobre la propiedad de los medios de comunicación)
"Network, un
mundo implacable", de Sidney Lumet (mundo de la televisión)
"Primera
Plana", de Billy Wilder (prensa escrita años 30)